sábado, 21 de febrero de 2009

Ronnie Cuber - Cuber Libre 1976

117 MB / 320 KBPS



Temas:
01 Star Eyes
02 Rifftide
03 Tin Tin Deo
04 Samba D'Orfeo
05 Misty
06 Sudwest Funk
07 Prince Albert

Músicos:
Ronnie Cuber (baritone sax)
Barry Harris (piano)
Sam Jones (bass)
Albert "Tootie" Heath (drums)


Ronnie Cuber

Ronnie Cuber (born December 25, 1941 in New York City) is primarily a jazz baritone saxophonist. He has also played in Latin, pop, rock and blues sessions. In addition to baritone sax, he has also played soprano sax and flute, the latter on an album by Eddie Palmieri. As a leader, Cuber is known for hard bop and Latin jazz. As a side man, he has played with numerous musicians, such as B. B. King, Paul Simon, and Eric Clapton.[1] Furthermore, Cuber can be heard on Freeze Frame by the J. Geils Band, and one of his most spirited performances is on Dr. Lonnie Smith 1970 Blue Note album Drives.

Cuber was in Marshall Brown's Newport Youth Band in 1959, where he switched from tenor to baritone sax. His first notable work was with Slide Hampton (1962) and Maynard Ferguson (1963-1965). Then from 1966 to 1967, Cuber worked with George Benson. He was also a member of the Lee Konitz nonet from 1977 to 1979.[2] He can be heard playing in Frank Zappa's group in the mid-1970's, including the album Zappa in New York. He has been a member of the Mingus Big Band since its inception in the early 1990's. He was an off-screen musician for the movie Across the Universe.

Selected discography (as a leader)

* Cuber Libre! (1976; Xanadu Records)
* The Eleventh Day Of Aquarius (1978; Xanadu Records)
* New York Jazz (1981)
* Two Brothers (1985; AMG)
* Pin Point (1985; PID)
* Passion Fruit (1985; PID)
* Live at the Blue Note (1986; ProJazz)
* Cubism (1992; Fresh Sounds)
* The Scene is Clean (1993; Milestone)
* Airplay (1994; SteepleChase)
* In a New York Minute (1996; SteepleChase)
* N.Y.C.ats (1997; SteepleChase)
* Love for Sale (with The Netherlands Metropole Orchestra) (1998, Koch)

Rumbéatelo part.1
Rumbéatelo part.2

martes, 10 de febrero de 2009

Ray Barretto: un percusionista para la historia

Ray Barretto durante una de sus actuaciones en San Juan
en 1981.
(Foto Elisa Llenza / Colección Miguel López Ortiz)



Tomado de: www.prpop.org


Un antiguo proverbio de la cultura callejera sostiene que “los viejos rumberos nunca mueren”. Y es un hecho que tal filosofía encierra mucha verdad cuando quien parte a “mejor vida” ha dejado una huella profunda durante su paso por este mundo. Pero, aun así, siempre resulta doloroso tener que echar de menos la presencia física de alguien a quien se ha querido y admirado. Como Ray Barretto, cultor notabilísimo en el campo del jazz e ícono en el universo salsero. Definitivamente, aquellos que adoramos esta expresión rítmica de fuerte raíz afroantillana estamos de luto.

Este aclamado músico era hijo de los aguadillanos Ramón Barreto y Gloria Pagán. Vio la primera luz en Brooklyn, Nueva York (EE.UU), el 29 de abril de 1929, habiendo sido bautizado con el nombre de Raymond Barreto Pagán. Poco después de que abriera sus ojos al mundo, sus padres se separaron. Su progenitor, quien jamás se acostumbró a la vida de la Gran Urbe, regresó a su pueblo. Acá formó una nueva familia y, durante años, mantuvo un pequeño laboratorio de fotografía frente a la Plaza de Recreo.

Su infancia transcurrió en el Barrio Latino – o Este de Harlem – y en el condado de Bronx. La circunstancia de quedar solo durante las noches mientras su madre trabajaba en una fábrica para procurar el sustento familiar lo indujo a buscar distracción en la radio. La música de jazz que escuchaba a través de este medio lo embrujó rápidamente. Así, pues, desde niño conoció las grabaciones de Duke Ellington, Count Basie, Benny Charlie Parker, el swing de Benny Goodman y muchos otros consagrados.

A la edad de 17 años, decidido a escapar de la pobreza del ghetto, se enlistó en el Ejército de Estados Unidos. Luego de recibir el entrenamiento básico, fue asignado a una base militar en Munich, Alemania. Ya para entonces conocía los rudimentos de la percusión tradicional cubana, mismos que había aprendido de manera autodidáctica, profundamente influenciado por la grabación del tema “Manteca”, de Dizzy Gillespie y su orquesta con el virtuoso conguero Luciano «Chano» Pozo. Durante aquella etapa como soldado, acostumbraba visitar los fines de semana el Orlando’s Jazz Club, donde se celebraban unas descargas (o “jam sessions”) que siempre describiría como “bravísimas”.

Tras su licenciamiento de las Fuerzas Armadas en 1949, Ray Barretto regresó al Barrio Latino determinado a pulirse como percusionista y a dedicarse por completo a la música. Su primer trabajo regular en su entonces incipiente carrera fue con Eddie Bonnemere & His Latin Jazz Combo (1950-1953). De aquella formación pasó a la más reconocida orquesta del pianista cubano José Curbelo, en la que permaneció los próximos cuatro años (1953-1957).

Su debut discográfico aconteció con el clásico “Dance Mania”, de Tito Puente, en 1957

Su nombre comenzó a cobrar trascendencia en el panorama de la música caribeña y del jazz afrocubano a partir de 1957 cuando Tito Puente lo reclamó para sustituir a Mongo Santamaría en su ya famosa organización. Fue poco después de su ingreso a esta banda que vivió la experiencia de grabar por primera vez. Su debut discográfico fue, nada más y nada menos, que con el álbum “Dance Mania” (RCA Victor, LP-1692), destinado a convertirse, no sólo el más exitoso en toda la discografía de «El Rey del Timbal», sino en uno de los más vendidos en la historia de la música popular latinoamericana, habiéndose reeditado en varias oportunidades.

Consecuencia de su brillante desempeño en tan histórica producción – realizada sólo en dos secciones de par de horas cada una, en diciembre de 1957 – fue que, de inmediato, se convirtiera en uno de los congueros más solicitados para sesiones de grabación, tanto en el ámbito rumbero como en el panorama jazzístico. A partir de entonces, alternó su trabajo con Puente colaborando en grabaciones de Cannonball Adderley, Gene Ammons, Art Blakey, Eddie «Lockjaw» Davis, Lou Donaldson, Red Garland, Dizzy Gillespie, Freddie Hubbard, Wes Montgomery, James Moody, Max Roach, Sonny Stitt, Cal Tjader y de todo aquel que brillaba en el mundillo musical hispano de la plaza neoyorquina.

La oportunidad de estrenarse como director de una orquesta propia se la brindó Orrin Keenpnews, ejecutivo de Riverside Records, en 1961. Éste se solicitó que organizara una charanga, pues entonces el cubano José Fajardo y Sus Estrellas comenzaban a dar candela en la Gran Urbe y, por otro lado, él ya era conciente de la excelencia de Barreto como percusionista. El resultado de aquel reclamo fue la creación de la Charanga Moderna cuyo debut discográfico se materializó vía “Pachanga With Barretto” (LP-1087). Ya bajo la etiqueta United Artists Latino, a tal producción le siguieron “¡Latino!” (LP-4053 / 1962); “Charanga Moderna” (LP-1087) y “On Fire Again” (LP-1096 / 1963); “Guajira y guaguancó” (TRSLP-1114 / 1964); “¡Viva Watusi!” (UAL-6445) y “El Rey Criollo” (LP-6543) – que generó el exitazo “El watusi”, número 20 en el escalafón de Billboard y lo hizo acreedor a su primer Disco de Oro – y “El Rey Criollo” (UAL-6543 / 1965). El cubano Willy García, esposo de La Lupe, era su cantante estelar.

En realidad, la Charanga Moderna de nuestro biografiado encajaba en el formato que en Cuba se denomina charangón, mismo que refuerza a la estructura tradicional a base de violines, flauta y sección rítmica con metales. En este caso, con la trompeta del virtuoso Alejandro «El Negro» Vivar y el saxofón tenor del no menos brillantísimo José «Chombo» Silva.

Con Adalberto Santiago formó un binomio de antología

Al vincularse a la entonces naciente compañía Fania Records 1966, Ray Barretto echó a un lado los violines y creó una pequeña orquesta, pero con un sonido poderoso. Entonces, el vocalista García cedió su posición al cialeño Adalberto Santiago. Junto a éste formaría uno de los binomios para extraordinarios en la historia de la salsa, mismo que permaneció inalterable durante seis años – hasta 1972 –, aunque luego ambos volverían a unirse en múltiples eventos especiales y en varias grabaciones. La filiación de aquel colectivo era de antología: Luis Cruz (pianista y arreglista); Roberto Rodríguez (primera trompeta); Joseph «Papy» Román (segunda trompeta) y, ocasionalmente, René López (tercera trompeta); Dave Pérez (bajista); Orestes Vilató (timbalero) y Johnny «Dandy» Rodríguez (bongosero).

A esta etapa pertenecen producciones que hoy son consideradas clásicas de este género: “Power” (LP-391); “Soul Drummer” (SLP-542) y “Alma alegre” (SLP-62723 / 1967); “Acid” (SLP-346 / 1968); “Hard Hands” (LP-362 / 1969); “Together” (SLP-378) – a juicio de muchos conocedores, el mejor que grabó con Santiago –, “The Message” (LP-00403 / 1971) y “Que viva la música” (SLP-00497 / 1972).
Luego de que dicho grupo se desintegrara debido a que la mayoría de los músicos siguieran a Santiago y Vilató para dar vida a la Típica ’73, Barretto procuró al riopedrense Tito Allen para proseguir su trayectoria frente a una nueva alineación. Fruto de tal iniciativa fue el sensacional disco “Indestructible” (SLP-00456), editado en 1973, del surgieron tres exitazos: “El hijo de Obatalá” (original de Tite Curet Alonso); “Llanto de cocodrilo” y el que le sirvió de título, originales del propio Barreto. El sentir del grueso de la masa salsómana coincide en que este trabajo, conjuntamente con “Together”, fue el que consagró a Ray Barretto como el indiscutido «Ray de las Manos Duras».

Aunque sin separarse del consorcio Fania – que lo había sembrado como pilar de su constelación de virtuosos Fania All Stars desde su surgimiento en 1968 –, en 1973 realizó otro trabajo para la etiqueta Fantasy Records que habría de convertirse en clásico: “Carnaval” (F-24713), donde aparece su jitazo “Cocinando suave”. Detalle sumamente curioso respecto a esta producción es el hecho de que, en la pieza “Descarga La Moderna” ejecuta un candente solo de timbales.

Sin embargo, el disco “Barreto” (XSLP-00486), con los vocalistas Tito Gómez y Rubén Blades, editado en 1975, superó en ventas a todos los anteriores. “Guararé”, encomendado al primero, constituyó el gran éxito del año. De paso, fue con este LP que Ray Barretto logró su primera nominación al premio Grammy. Ese mismo año – así como los dos siguientes (1976 y 1977) – la revista Latin New York lo galardonó como Mejor Conguero de la Salsa.

Aun así, para entonces este gran músico ya se sentía cansado de las incesantes amanecidas en salones de baile. Además, entendía que la salsa que los mandamases de Fania Records limitaban su creatividad y no le brindaban espacio para la experimentación. Así las cosas, luego de amenizar una función de Despedida de Año, dejó la agrupación a sus músicos, quienes la rebautizaron como Orquesta Guararé y continuaron trabajando con ella.

Su siguiente proyecto fue la organización de una banda orientada hacia el jazz fusión. Gracias a un acuerdo entre Fania y Atlantic Records, vio la luz el doble álbum “Barretto Live: Tomorrow” (SD-2-509), el cual recogía el repertorio que interpretara durante el concierto que ofreció en el Beacon Theater, de Nueva York, en mayo de 1976.

Tras los lanzamientos de “Todo se va a poder” (SLP-00505) y “Eye of the Beholder” (SD-19140) en 1977 y “Can You Feel It” (SD-19198) en 1978, se reencontró con Adalberto Santiago para volver a adentrarse en la onda rumbera con “Rican / Struction” (JM-552), en 1979. En sus próximos dos álbumes, “Giant Force” (JM-579) y “”Rhythm of Life” (JM-605), editados en 1980 y 1982, respectivamente, presentó como vocalista al talentoso Ray De la Paz.

“Ritmo en el corazón”, junto a Celia Cruz, lo hizo merecedor del Grammy en 1990-

A su venidero trabajó discográfico, “¡Tremendo trío!” (JM-623), la simpar Celia Cruz se unió al binomio Barreto-Santiago. Fue uno de los grandes aciertos salseros de 1983. Luego, teniendo como principal cantante a Ray Saba, produjo “Todo se va a poder” (JM-633) y “Aquí se puede” (JM-642), editados en 1983 y 1984, respectivamente. Después realizó otra grabación con Celia Cruz: “Ritmo en el corazón” (JM-651), lanzada a fines de 1988 y editada en el Reino Unidos y otras naciones europeas bajo la etiqueta Caliente Records. Esta joya de la salsa lo hizo acreedor al consagratorio premio Grammy en 1990. Mientras tanto, en 1989 tuvo una breve incursión en la denominada salsa monga con el disco “Irresistible” (JM-658), con Carlos Torres como vocalista líder. Muchos “salseros de la mata” siempre le resentirían aquel desatino.

De todas maneras, para festejar su larga e importantísima trayectoria en los campos del jazz y de la música afrocubana, junto a su cantante estelar Adalberto Santiago y el trompetista Juancito Torres como director musical, protagonizó el concierto “Las dos vidas de Ray Barretto” celebrado en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, el 30 de agosto de 1990. El médico y empresario Fidel Estrada fue el organizador de aquel evento.

Aunque sin alejarse demasiado de la salsa, a partir de la pasada década se concentró en el jazz latino frente a su nuevo grupo, New World Spirit, frente a la que recorrió gran parte del mundo y legó grabaciones tan excelentes como “Handsprints” (Conconcor, CCD-4473 / 1991); “Ancestral Messages” (Concord, CCD-4549 / 1993); “Taboo” (Concord, CCD-4601 / 1994); “My Summertime” (EMI, TCLB-367302 / 1996); “Contact!” (Blue Note/EMI, CD-428524 / 1997); “Postraits in Jazz & Clave” (RCA, CD-276177 / 2000); “Homage to Art Blakey” (Sunny Side, SSCD-1105) y “Hot Hands” (Concord Picante, CPCD-498256), y, finalmente, “Time Was, Time Is”” (O Plus Music, CD-109), que estuvo nominado al Grammy este mismo año.

Hasta el final de su vida, Ray Barretto estuvo colmado de honores. Para su fortuna, vio materializado todos sus anhelos. Muy especialmente, presentarse ante sus coterráneos – solía identificarse como “aguadillano”, aunque jamás vivió en este municipio – en los escenarios más importantes. Su más reciente concierto aquí fue el titulado “El sueño del Rey”, celebrado en el Centro de Bellas Artes de San Juan, el 8 de septiembre de 2005. Durante este evento, presentó oficialmente, como nuevo miembro de su grupo New World Spirit, a su hijo Christopher, ejecutante del saxofón tenor y de 20 años de edad, fruto de su matrimonio con su hoy viuda, Annette «Brandy» Rivera.

La noche del sábado 14 de enero, en el Ballroom del New York Hilton, fue objeto del máximo galardón a que podría aspirar un jazzista: ser reconocido por la Asociación Internacional de Educadores de Jazz (AIEJ) con el título de Maestro del Jazz. Al regresar a su hogar, temprano en la madrugada, se dispuso a sacar con una pala la nieve que obstruía la entrada. De repente comenzó a sentir problemas cardíacos y respiratorios provocados por un fuerte ataque de asma. Su esposa lo trasladó de inmediato al Valley Hospital, en Ridgewood, Nueva Jersey. Allí permanecería internado tres semanas, durante las cuales el estado de su salud se complicó debido a un padecimiento renal y a una fuerte pulmonía. Por tanto, fue sometido a una operación a corazón abierto y a cuatro desvíos coronarios.

Su condición de salud mantuvo a la expectativa a la Prensa internacional-
Desafortunadamente, no hubo mejoría. El jueves 16 de febrero fue trasladado al Centro Médico de la Universidad de Hackensack, también en Nueva Jersey, donde se le practicaría una traqueotomía. Sin embargo, ya su organismo no soportaría una nueva intervención. En esta institución hospitalaria expiró a las 5:00 de la madrugada del viernes 17, faltándole dos meses y medio para cumplir 77 años de edad. Además de su esposa y el ya mencionado Christopher, le sobreviven otros tres hijos habidos en su primer matrimonio, más varios hermanos, algunos residentes en Aguadilla.

Es importante recalcar el dato de que la Prensa de toda América y Europa se encontraba a la expectativa en torno a la condición de salud del maestro Barretto. Incluso, temprano en la mañana de su deceso, se comunicaron a la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en busca de reacciones al respecto y de anécdotas sobre su vida, los reporteros Norberto Vallejo – de la cadena colombiana Radio Caracol – y Carlos Pachinchi, de la revista peruana “DJ”, además de varios representantes de los medios nacionales.


Whitney Houston vuelve a cautivar en fiesta previa a los Grammy


La cantante resurge de sus cenizas


Se espera que saque nuevo álbum este año, ya superados sus problemas de drogadicción

BEVERLY HILLS, ESTADOS UNIDOS.- Una deslumbrante Whitney Houston hizo su regreso triunfal a los escenarios durante una fiesta previa a los premios Grammy en honor a su mentor, el magnate discográfico Clive Davis.

La cantante de 45 años, una de las artistas de más ventas en todos los tiempos, no ha grabado un álbum desde 2002, cuando comenzó a perderse en un torbellino de drogas y problemas personales, un enorme contraste con la imagen de princesa que había cultivado desde su debut en la década de 1980.

El sábado por la noche, Houston mostró que todavía tiene una voz poderosa, cantando varias de las canciones que le hicieron célebre. Se espera que Houston lance un nuevo álbum este año y, a diferencia de otros reportados regresos, este parece que va a ser real.

“Todos deseábamos que su bella historia culminase felizmente”, dijo el actor Jamie Foxx, quien estaba sentado frente al escenario y tomó fotos de Houston como si fuese otro de sus seguidores. “Este es un nuevo comienzo”.

El miniconcierto de Houston fue el punto de exclamación de una noche que incluyó una impresionante actuación de Kelly Clarkson, un dúo improbable pero mágico entre Jennifer Hudson y Barry Manilow y un monólogo divagante de Kanye West.

West saludó con reverencia a la concurrencia, que incluyó a Paul McCartney, Prince, Diddy, Rihanna, los Jonas Brothers, Taylor Swift, Quincy Jones y otras celebridades de mundo de la música.

Davis, el magnate musical que fundó sellos discográficos, contrató originalmente a figuras como Houston, Bruce Springsteen y hasta Janis Joplin y resucitó las carreras de veteranos como Rod Stewart y Carlos Santana. Fue honrado por la Academia de Grabaciones el sábado, en vísperas de la entrega de los premios Grammy.



Muere 'Cachaíto' López, bajista de Buena Vista Social Club

Fotografía de archivo de Orlando "Cachaíto" López
tomada en Barcelona durante el festival de verano Grec 2002. EFE


Orlando 'Cachaíto' López, bajista de Buena Vista Social Club, murió este lunes a los 76 años debido a complicaciones que sufrió tras ser operado de la próstata, informaron a la AFP el asistente productor del proyecto musical y compañeros del grupo.

El músico, sobrino del legendario Israel "Cachao'' López, falleció "en un hospital de La Habana, lamentablemente, tenía varios problemitas de salud'', declaró Freddy Fernández, asistentente productor de Buena Vista.

"Lo operaron de la próstata hace diez días, salió bien pero luego se complicó, no sé exactamente de qué. Una pérdida irreparable para la música cubana, es el último que quedaba de toda una dinastía de bajistas'', declaró a la AFP el timbalero Amado Valdés, también integrante de Buena Vista.

El fallecimiento del bajista es otra pérdida sensible para Buena Vista Social Club, tras la muerte de Francisco Repilado (Compay Segundo) y el pianista Rubén González en el 2003, el cantante Ibrahim Ferrer en el 2005 y el sonero 'Pío' Leyva en el 2006.

"Es una gran pérdida para el grupo y para la música cubana porque era tremendo bajista y tremendo compañero y músico. Como persona era excelente compañero y su calidad musical, inigualable, la verdad'', dijo Manuel 'Guajiro' Mirabal, trompeta del grupo.

'Cachaíto' López Vergara comenzó sus estudios con su padre Orestes López y se desempeñó en orquestas de primera línea en Cuba. Formaba parte del original proyecto Buena Vista.

Creado en 1996, el Buena Vista Social Club reunió a veteranos músicos cubanos, algunos de ellos relegados al olvido en el ocaso de sus vidas, y se convirtió en el proyecto más importante de la música popular cubana en los últimos 50 años.

El proyecto, que también integran la diva Omara Portuondo, el guitarrista Eliades Ochoa y el tresista Barbarito Torres, dio origen al álbum "Buena Vista Social Club'', ganador de un Grammy en 1998, que consolidó la fama mundial de los abuelitos y del que se han vendido hasta la fecha más de siete millones de copias.

Con el álbum de Buena Vista Social Club, que dio origen al documental del mismo nombre realizado por el alemán Win Wenders, nominado al Oscar en el 2000, los veteranos recorrieron escenarios de los cinco continentes, incluido el Carnegie Hall de Nueva York.

jueves, 29 de enero de 2009

Una clase con Chucho Valdés

LA PRENSA/Eric Batista


El pianista Chucho Valdés cautivó a un auditorio de más de 100 personas en un taller que fue una travesía por sus recuerdos sonoros.


Tomado de: www.prensa.com
Por: DANIEL DOMÍNGUEZ Z.

Los más osados le pidieron tomarse una fotografía con él. Lo más tímidos se conformaron con verlo pasar. Y más de uno se odió a sí mismo por no llevar un disco para que se lo autografiara.

Cuando el pianista, compositor y director cubano Dionisio de Jesús Chucho Valdés llegó al seminario que impartió el viernes pasado en el marco del Panamá Jazz Festival 2009, el Centro de Capacitación Ascanio Arosemena de la Administración del Canal de Panamá cambió de piel.

Este gigante, proporcional a su tamaño (mide 1.94 metro de altura) y a su talento, fue recibido con un océano de aplausos, gritos y silbidos.

Era un alborto bien merecido. Los que allí estaban, mayoritariamente jóvenes músicos, sabían que estaban en presencia de un genio que ha sabido remozar de una singular fuerza el género más rebelde: el jazz.

Chucho recibe con humildad las muestras de aprecio y se sienta ante el órgano. Todos atentos. El maestro habla y echa a volar notas. Hay un silencio respetuoso, uno que otro suspiro de admiración, emociones solo interrumpidas por los flashes de las cámaras fotográficas y de los celulares.

Aunque la advertencia era que nadie grabara lo que estaba por ocurrir, más de uno se hizo de oídos sordos y robó, aunque sea unos segundos en audio e imagen, de lo que hacía presagiar como una hora increíble con una leyenda viviente.

Más que un taller, fue ocasión para que Chucho recorriera unas calles plagadas de recuerdos y memorias, donde se pasearon luminarias como Ernesto Lecuona, John Coltrane, Thelonious Monk, Herbie Hancock, Arthur Rubinstein y Wayne Shorter.

También fue un viaje por el palpitar del Caribe, el danzón, la clave, la religión yoruba, los compases y la métrica.

El artista, de 67 años de edad, propuso que la audiencia interrogara y él respondiera. “Pueden preguntarme lo que quieran”. Ni así.

Como la platea todavía estaba impresionada de tenerlo tan cerca, Chucho decidió hablar de una influencia esencial en su vida como ser humano y artista: su padre, otro Merlín del teclado: Bebo Valdés, con el que ha compartido escenario, estudios de grabación y más de una película.

Chucho es su hijo mayor (Bebo tuvo siete) y cumplen el mismo día: el 9 de octubre, uno en 1918, y el segundo en 1941.

Fue Bebo, abuelo de casi 20 chiquillos y cuatro bisnietos, quien le enseñó a respetar el arte, a tener disciplina en su oficio y, sobre todo, a divertirse a granel con su trabajo.

Dijo que Bebo, a quien por diversas razones dejó de ver por espacio de 18 años, fue el culpable de que fuera músico y pasó a explicar tan temeraria acusación.

Sin pena, pero sin prisa, admitió que aprendió a tocar el piano con las dos manos cuando tenía tres años. Era ese instrumento su juguete preferido, su escondite más placentero, su fascinación que no tiene fin.

Bebo, ante la mirada inquisitiva de su esposa, dijo que a él no lo miraran. Que el niño aprendió solo, vaya que lo hizo, porque observaba mucho al papá cuando estaba en lo suyo con el bajo, los metales y lo que tuviera a la mano para arrancar hermosas sonoridades.

Parece que Chucho iba para maestro y la música al foso, pero eso a Bebo le pareció un disco de 45 revoluciones rayado. Por eso formó una orquesta, se proclamó su director y puso a Chucho de pianista. Punto.

Entre los prolongados ensayos y las constantes presentaciones nocturnas, el muchacho casi ni dormía, y estudiar menos.

Pero ocurrió lo impensable y se graduó de magisterio, pero fue el pentagrama su norte. Aunque, un momento, sí es docente, porque ha compartido su conocimiento con muchos y en Panamá transformó a varios.

A los cinco años era estudiante de solfeo. Ingresó al Conservatorio de Música a los ocho años y luego de la prueba quedó en cuarto año. De algo servía que papá y mamá fueran pianistas. “No tenía escapatoria”.

A los 15 años reunió a unos amigos y organizaron un trío de jazz. Después aquello se le quedó chico y en 1973 fundó la banda Irakere, que puso de cabeza el concepto del jazz latino y de la música bailable proveniente de Cuba. “Quería hacer mi propia música”. Sencillo.

Aunque hizo revolución y ganó prestigio, siempre guardaba la idea de tener su propio cuarteto, donde el piano fuera miembro principal y no un simple acompañante de los otros instrumentos.

En 1998 lo hizo y, desde entonces, liberó la clave y la puso a otros niveles. Hizo de la improvisación un dominio suyo, su espejo, su ruta.

El ganador de cinco premios Grammy explicó que un tema musical debe ser el pretexto para poner a volar las ideas, los sentimientos y la imaginación. “Tú debes dar tu interpretación de la pieza y ver por dónde eres capaz de crear y qué puedes ofrecer. Hay muchos estilos y formas de alcanzar la improvisación, pero luego debes volver al tema”.

Eso sí, se debe ser capaz de regresar al principio. “La música debe ser libre y métrica a la vez. Una maestra mía decía que la música es el arte del sonido, que no produce imágenes ni palabras, pero ofrece tanto o igual que ellas. Y tenía razón, porque la música tiene sus reglas como el idioma escrito, tiene sus matices, sus acentos y sus colores”.

Confesó que nunca se había puesto a pensar que le había dado todo a la música. Piensa que por allí pueden ser los motivos de que el éxito lo cobijara. Aunque advirtió que también se debe cultivar el amor por la familia y los amigos. “Aunque no sé hacer otra cosa”.

Pero en primer lugar está la música para este creador que planea grabar un álbum de jazz y flamenco con la cantante Concha Buika y otro disco, pero de boleros, con Dyango. “Por eso siempre supe que la mujer que se casara conmigo tenía que hacerlo primero con mi piano”. Soltó una carcajada que contagió a la audiencia.

“Vamos a tocar un poquito”. Los aplausos se convirtieron en un sí. Entonces, Chucho, no se dejó esperar.

Lo que ofreció a continuación con su colectivo fue una explosión dosificada de virtuosismo y elegancia. Una prueba de que se mantiene en forma.

Los espectadores quedaron desconcertados ante cada giro e invención, ante cada locura y descubrimiento.

Solo les quedaba seguir aquello con los dedos, las manos, los pies, las cejas, la cabeza, con lo que pudieran sentir los pasos de un artista consagrado y sus tres extraordinarios camaradas.

“Ellos ya estaban formados cuando los conocí. Fue cuestión de unirnos y ponernos a tocar. Hace ocho años que estamos juntos”, dijo el que este año se irá de gira con su equipo por Australia, China y Corea de Sur.

Comentó Chucho Valdés que para tener un cuarteto coherente, cada uno debe ser un gran músico y poseer una personalidad. Que todos deben escoger una ciudad rítmica que deseen recorrer. “Deben ser como una pareja, es como el amor, es cuestión de afinidad”.

Adelantó que quiere terminar una ópera y un concierto para piano en el que una el jazz con otras tendencias. “Ellos no lo sabían”, indica mientras los mira reído. “Se me fue la lengua”.

La hora de clases terminó y como reloj suizo, Chucho se levantó. Saludó a los presentes con sus manos de gigante y brindó un guiño de complicidad a los testigos de su magia.

Luego se perdió del mapa, tras dejar su sonrisa amplia y unas cuantas notas musicales revoloteando por el salón sin saber dónde había quedado su amo y señor.

El inconmensurable legado de Roque Cordero


El más destacado compositor panameño


Tomado de: www.pa-digital.com.pa

Colaborador
Ventura Castrellón


Roque Cordero. Compositor, director y pedagogo. Nació en ciudad Panamá en 1917. En una entrevista publicada en díaD el 25 de noviembre del 2007 dijo: “Tuve que irme con mi música a otra parte”.
En Dayton, Ohio, Estados Unidos, falleció, el 27 de diciembre de 2008, Roque Cordero, considerado como el más sobresaliente compositor panameño, quien también incursionó con notable éxito en el campo de la dirección orquestal y como educador de larga y recordada trayectoria. Hijo de un zapatero, a lo que se refería con su característica humildad, pues ponderaba el oficio de su padre como un ejemplo a imitar.

Realizó estudios de perfeccionamiento musical mediante beca otorgada para asistir a la Universidad de Minnesota, Estados Unidos y, además, fue merecedor de una Beca Guggenheim, a la cual sólo pueden acceder artistas de superlativo desempeño, siendo el primer panameño en lograrlo y apenas el sexto latinoamericano, lo que nos indica la grandeza de su música.

En la década del sesenta se desempeñó como director de la Orquesta Sinfónica Nacional y director del Instituto Nacional de Música, dejando en ambas instituciones la huella de su trabajo serio en la búsqueda de ese ideal de perfección.

Es conocido por muchos que el alejamiento de Roque Cordero de nuestro terruño -su querido y recordado terruño - fue producto de la falta de apoyo, pues en su momento, cuando trató de conseguir que el Gobierno destinara fondos suficientes para que tanto la Orquesta Sinfónica Nacional como el Instituto Nacional de Música contaran con los recursos necesarios para que funcionaran adecuadamente, los mismos le fueron negados. Con su partida debe buscarse una respuesta a aquella negativa.

También es conveniente y necesario que el Gobierno nacional, en aras de mantener viva su memoria, tome las medidas a fin de que se instituya una beca anual denominada Roque Cordero, a la que podrán acceder estudiantes de Música, de nacionalidad panameña, que logren aceptación en Conservatorios de prestigio en los Estados Unidos o Europa, administrada y regulada por el IFARHU; y el premio Roque Cordero, que se puede otorgar cada tres (3) años a un compositor panameño, el cual tendría requisitos similares a los que se exigen en los premios Ricardo Miró, Rogelio Sinán u otros de igual magnitud, manejado por el Instituto Nacional de Cultura. Este premio debe dotarse de un monto adecuado, a efectos de estimular en el país la composición musical.

Si bien le fue otorgada la Orden Vasco Núñez de Balboa en Grado de Gran Cruz y recibió diferentes reconocimientos en el extranjero, el país sigue estando en deuda con este ilustre ciudadano. Por ello, debe ser un compromiso del Gobierno nacional mantener vigente su gran legado, que es establecer una beca para el estudio de la Música, y el premio a un compositor meritorio; una manera de que las futuras generaciones conozcan la grandeza de este panameño.

En septiembre de 2004, la Orquesta Sinfónica Nacional presentó un lucido concierto en su honor, en el que se abarcó más de cincuenta (50) años de su obra creativa, destacando las ejecuciones de Capricho Interiorano (1939), Danza en Forma de Fuga (1958), Cuarta Sinfonía Panameña (1987) y Tributo Sinfónico a un Centenario (1997).

En el 2007, en el marco del VI Encuentro Internacional de Guitarra, denominado Roque Cordero 90 Aniversario, se efectuó el Primer Concurso Centroamericano de Composición para Guitarra Roque Cordero. Este encuentro, organizado por el guitarrista y compositor oriundo de Veraguas Emiliano Pardo-Tristán, fue -y de seguro seguirá siendo - un justo homenaje de recordación a ese gran exponente de la música panameña, quien con su música seguirá vivo en la mente de muchos panameños. Panamá pierde con su partida al más insigne de sus músicos.

LAVOE ¿HEROE O VICTIMA?



Tomado de: www.salsaglobal.blogspot.com


LAVOE ¿HEROE O VICTIMA?


Por: Fernando España


El ensayo que van a leer a continuación
esta basado en hechos artificiosos
cualquier parecido o semejanza con personas
vivas o muertas es pura coincidencia.


Cuando Héctor Lavoe, junto con su voz y obra, se ha transformado en mito y leyenda como otras estrellas de la farándula discográfica con destino trágico, consecuencia de su conducta y entornos, vale reflexionar sobre un aspecto de la industria del entretenimiento musical que "pone la piel de gallina".

Coincidió que, por los días que leía sobre el quehacer de un manejador de una agrupación musical, repetía la visualización del capitulo del programa "Historias Verdaderas" del canal de televisión E! en tributo al "Cantante de los cantantes". Un reportaje con Catalino "Tite" Curet Alonso, Willie Colón, Cheo Feliciano, Ismael Miranda, Papo Lucca, Roberto Roena, Tito Nieves, Rubén Blades, Richie Ray, Domingo Quiñonez, César Miguel Rondón, Cristóbal Díaz Ayala, Richie Viera Jr., Priscila Pérez (su hermana), y Bobby Cruz.

Por entonces los medios de comunicación copaban su información farandulera con noticias sobre la estrella del soul del momento, Amy Winhouse, quién acababa de alcanzar, en el 2008, varias replicas del gramófono que otorga anualmente la Academia de Artes y Ciencias de la Grabación de los Estados Unidos a las personas del sector más destacadas durante el año. La información sobre la cantante la complementaban, morbosamente, con rumores sobre su adicción a las drogas y los conflictos matrimoniales (sic).

Días atrás la radio salsera (?) y (algunas) salsotecas bogotanas durante la conmemoración de un aniversario más del fallecimiento del "Sonero de Ponce" le dedicaron su programación y tarimas (Hasta el diario "El Tiempo" de Bogotá, el más influyente en la opinión pública colombiana, eligió una imagen suya como portada de la revista "Eskape"). Por entonces, era usual escuchar en boca de locutores, o leer de mano de periodistas, y repetir por las gentes del común denominar al "flaco de Fania" de héroe.

Según el Real Diccionario de la Lengua Española, la palabra, héroe, proviene del latín heros, ōis, cuyo origen es griego, ha aplicarse a un varón ilustre y famoso por sus hazañas heroicas o acciones virtuosas, potencial protagonista de un poema épico o de una epopeya como las vividas por Hércules, Aquiles, Eneas, Anacaona, Benkos Biojó, Bolívar, Juan González…

Quizás sea esta personal visión algo conservadora ante la modernidad de los tiempos y dejando de lado (momentáneamente) la evolución permanente del lenguaje, pero a la industria fonográfica tampoco le interesa ese tipo de héroe como el descrito por la literatura mitológica griega. La llamada Industria urge de seres humanos, cien por ciento terrenales, con talento, carisma y situaciones como los poseídos o padecidos por Lavoe, quién "nunca llegaba tarde, los que llegaban temprano eran otros", pero con destinos trágicos como sus pares en las otras prácticas sonoras: Elvis Presley, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, John Lennon, Jim Morrison, Kurt Cobain, o como Amy Winhouse, ¿futura heroína?

Cuenta Bobby Cruz: "Yo hice contacto con él, y le dije: Mira Héctor, tú no puedes seguir así, por qué casi te mueres ahí, casi te matas ahí, estás vivo por que Dios tiene un plan contigo, este, yo quisiera llevarte a mi programa, ven y te ayudamos, y sales otra vez y sigues cantando… Pero había personas, muy cerca de él, que tenían temor que el llevarlo al programa, equivalía a Héctor, convertirse en fanático religioso como Richie, como Bobby, y ya tú sabes, el negocio se iba ir al piso…"

La Industria, especialmente la rockera, desea (siendo un secreto a voces entre las gentes del sector) descubrir a un músico, ojala cantante, qué dado su talento histriónico vislumbre ser un vendedor millonario de "música", quién una vez integrado a la farándula tenga la capacidad de soportar o someterse al sensacionalismo de los medios de comunicación: "que sepa actuar ante las cámaras", "qué entregue declaraciones impactantes" ("The Beatles" somos más famosos que Jesucristo"), "qué cree situaciones escandalosas"; "que arriesgue su vida", "que consuma drogas", "que sea infiel a su pareja", "qué…

La Industria sabe que el fanático en su condición humana es morboso, y si es joven es contestatario (rebelde con causa o sin ella), necesita de "antihéroes" con quienes identificarse para así diferenciarse de las generaciones anteriores, como de la que proviene su padre, el referente de autoridad más cercano según Freud. El mito Lavoe es un arma parricida para enfrentar al "papá establecimiento", estamento autoritario con el "ídolo juvenil", a quién lo contrataban explotándolo, a quién no le cancelaba sus honorarios con justicia, a quién no lo dejaba comportarse con libertad, el ente que lo condujo a la muerte cuando aún no era viejo.

Según Willie Colón en su "mea culpa": "También fue traicionado por el mundo del negocio; disqueros que siguen viviendo como jeques sauditas, vendiendo sus discos y revendiéndolos en CD sin pagar derechos de difusión, mientras Lavoe quedó lánguido en su pobreza; promotores que le ofrecían migajas para poder vender boletos a sus espectáculos donde exhibían a 'El Cantante de los Cantantes' en su agonía; impostores tratando de reclamar la carrera y la memoria de Héctor Lavoe como propiedad personal…"

La dramaturgia sensacionalista requiere "de buenos y malos" para hacer creíble, real, razonable, verdadera, convincente su trama. Presley, Hendrix, Joplin, Lennon, Morrison, Cobain, o la Winhouse, fueron, son, o serán, ¡vaya paradoja!, "héroes (o heroínas) elevados a la categoría de antihéroes", recurso de inversión diametral con el fin de alcanzar pronto retorno a la inversión, tal como es promocionada la vida y obra de “El rey de la puntualidad”, a quién intentan asemejar en su mercadeo a una estrella del rock (sexo, drogas y rock and roll) endosada a la salsa (en algunos textos sobre la fenomenología rockera, la salsa de los setentas es un capitulo denominado "rock latino").

Y es que la industria del rock, como el rock mismo, como la salsa, como la religión, como la literatura, como la vida misma, urgen de "mitos, héroes y tumbas", parafraseando al escritor Ernesto Sabato. Presley, Hendrix, Joplin, Lennon, Morrison, Cobain, Lavoe y hasta Carlos Gardel ("cantan mejor y venden más cuando muertos") son ídolos de una dimensión síquica que se vale del mito como recurso para confrontar a la realidad, a la razón, a la materia, a las verdades oficiales, al mercado, a la sensibilidad de los consumidores, a quienes motiva. Componente de esta faceta moral son los sentimientos, las emociones, los sueños, las alucinaciones, lo inconsciente, lo mórbido, lo absurdo, la incoherencia, la oscuridad, lo impenetrable, lo fantasmagórico. Es sustancia "propia" en la parafernalia comercial del rock protagonizado por seres, "malditos, villanos, satánicos, fantasmales, adictos, rosa, pacifistas, zurdos, suicidas, mártires", un elenco de "aparente terror" anhelado por los dólares de la "tropical y optimista industria de la salsa".

Retornando a Bobby Cruz: "Una persona como Héctor que producía dinero para mucha gente todavía se hace mucho más difícil ve, porque eh, más bien es, no, no, inyéctalo y que cante, tu sabes, porque si no canta esta noche aquí se pierde un montón de dinero con este concierto, entonces el muchacho arrastrándose, llegando a los conciertos y todo, una agujita por allí, en algún lado, y páralo ahí, que canté, tu sabes…"

Cómo pregona César Pagano: "Salsa y cultura hasta la sepultura"


Fuentes:

1. Héctor Lavoe, Historias Verdaderas, Canal E.
2. Willie Colón, Carta Abierta a Héctor Lavoe, 1993, Diario La Prensa, Nueva York, EE.UU.

La verdadera historia de Hector Lavoe video I


La verdadera historia de Hector Lavoe video II


La verdadera historia de Hector Lavoe video III


La verdadera historia de Hector Lavoe video IV


La verdadera historia de Hector Lavoe video V


La verdadera historia de Hector Lavoe video VI


La verdadera historia de Hector Lavoe video VII


La última entrevista a Héctor Lavoe